María Ana supo interpretar el MENSAJE que le llegaba de Dios. Y descifró su llamada dentro de aquella sociedad suya, llena de problemas, de injusticias y de insolidaridad como cualquier sociedad.
La voz de los pobres, de los débiles, de los que sufren...era el eco, la voz de LOS SIN VOZ, y allí estuvo ella para ayudarles, animarles y señalarles un camino de ESPERANZA.
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